El pasado 18 de abril tuve el privilegio de disfrutar del Menú del Patio de Claudio, gracias al premio que recibí en nuestra Asamblea Anual. Este restaurante es uno de esos lugares de Madrid donde el tiempo parece bajar el ritmo nada más cruzar la entrada del Hotel Único. Desde el primer momento, el ambiente tranquilo y la atención exquisita del servicio marcan el compás de una experiencia que va más allá de lo gastronómico. Aquí, cada detalle acompaña y suma, invitando a disfrutar sin prisa.
La velada comenzó con un aperitivo delicado y sorprendente, un inicio sutil pensado para preparar al paladar sin imponerse, como el primer compás de una partitura bien escrita.
En los principales, la propuesta invita a elegir, pero todos comparten una misma filosofía: producto tratado con respeto y técnica precisa. Los gnocchis de boletus con mantequilla tostada, salvia y nueces destacaron por su armonía y textura, mientras que platos como el salmón “Label Rouge” con salsa beurre blanc reflejan una cocina honesta y profundamente sabrosa.
El cierre previo al postre llegó con un sorbete de limón y jazmín, refrescante y aromático, casi etéreo, que actúa como un interludio perfecto antes del broche final: un strudel de manzana y canela con chantilly, que deja un recuerdo persistente y agradable.
Todo ello servido en un ambiente sereno, cuidado hasta el último detalle, donde el servicio acompaña sin invadir, y el espacio —ese patio interior tan característico— refuerza la sensación de estar viviendo algo especial.
Una experiencia que confirma que cuando cocina, espacio y ritmo se alinean, el resultado es una auténtica sinfonía de sabores y texturas en un entorno Único, más que recomendable para vivir momentos memorables.
Gracias a José Campillo y Eva Fernández por la atención y el mimo con el que siempre nos tratan en sus espacios.
Carmen Moreno





