Hoy tenemos a Ana Isabel Fernández Álvarez, Licenciada en Psicología y Vicepresidenta de la Sociedad Española de Psicoterapia e Hipnosis, con más de 27 años de experiencia como Psicoterapeuta, que nos va a dar unos buenos consejos para hacer la vuelta de vacaciones al trabajo un poco más fácil.
«Hay que mantener objetivos a corto plazo, donde podamos continuar disfrutando de esas pequeñas cosas que nos hacen felices”
P.: ¿Por qué la vuelta al trabajo nos resulta tan difícil, cuando en realidad ha sido sólo un mes el que hemos estado fuera de la oficina?
Durante las vacaciones elegimos cambiar ciertos hábitos que influyen en nuestro bienestar: el horario de sueño, menos tiempos sentados en una silla, más actividad física, tenemos tiempo para las cosas que nos gustan, las relaciones sociales, la familia y, sobre todo nos desentendemos de las exigencias asociadas al trabajo. El regreso supone cambiar buena parte de esos cambios en muy poco tiempo. El cuerpo debe recuperar horarios, obligaciones y ritmos que habían quedado suspendidos. Por otro lado, el hecho de levantarse sin prisa y el contraste de tener que volver a una rutina puede hacer que los primeros días resulta más pesado.
P.: Es curioso porque hay personas que están deseando la vuelta a la rutina y otras se agarran con fuerza al poste del chiringuito para quedarse ahí hasta el año siguiente. ¿Por qué ocurren estas dos variables?
Obviamente depende de las condiciones personales y de la experiencia que cada uno tenga en vacaciones. En muchas ocasiones idealizamos el momento de desconectar del trabajo y comenzar por fin las vacaciones, pero para algunas personas cerrar la puerta de la oficina conlleva aumentar las obligaciones familiares y la expectativa de poder desconectar y dedicarnos tiempo se esfuma, así que casi volver a la rutina es una liberación, en el caso de las personas que se agarran con fuerza al chiringuito y aprovechan hasta el último minuto, puede tratarse de personas que tienen esa habilidad de desconectar o bien si sus condiciones laborales no son óptimas se resistan a volver a la rutina. De hecho a veces se habla de “depresión posvacacional”, donde las personas se sienten desanimadas los primeros días de volver a la rutina, notan cierta tristeza, cansancio, pero estos síntomas suelen desaparecer progresivamente a medida que nos adaptamos al cambio de escenario.
P.: Resulta que, al igual que cuando comenzamos un año nuevo, en septiembre ya tenemos nuestra agenda llena de promesas que, por supuesto, “vamos a cumplir”, como: ejercicio, aprender idiomas, cocinar en casa, prestar más atención a la familia…etc. ¿Por qué nos hacemos promesas?
Igual de importante que es para el cerebro tener rutinas, es la de tener retos y eso es lo que hacemos a comienzo de curso en septiembre, también con el inicio del nuevo año, o cuando cumplimos años. Esto nos beneficia a nivel de la salud mental puesto que aumenta nuestros niveles de dopamina en sangre y nos hace sentirnos motivados y felices si conseguimos alcanzar nuestros propósitos. Recordemos que la serotonina y la dopamina son las sustancias que nos aportan equilibrio mental, la dopamina es la que nos motiva e impulsa y nos lleva a la acción, así que las promesas e ilusiones deben de ser bienvenidas.
P.: Ese esfuerzo que hacemos para reincorporarnos al trabajo, ¿se trata más de un tema físico o mental?
Podríamos decir que ambos a la vez, por un lado, el cuerpo y el cerebro tiene que adaptarse al cambio en los patrones de sueño, la actividad física, los días comienzan a tener menos luz solar y esto afecta a nuestros ciclos biológicos y también a la forma en la que nos sentimos. Por otro lado, la mente tiene que adaptarse a las exigencias del trabajo, los niveles de atención y concentración, la multitarea y las relaciones sociales dentro de cada empresa. Pese a todo esto no olvidemos que el ser humano tiene una capacidad de adaptación y profundos recursos internos que nos ayudan a adaptarnos, si además cuidamos la calidad del sueño, buscamos un rato de desconexión al día y ponemos atención en una alimentación que nos llene de energía este esfuerzo será menos y mas llevadero.
P.: Ana Isabel, en la mayoría de los trabajos, y especialmente en el de las secretarias, en la actualidad, gracias al móvil, no se para de trabajar durante todo el verano. A veces, “te lo sugieren” y otras somos nosotras las que no queremos desentendernos del trabajo. Esto ¿tiene alguna ventaja o es un método nefasto para nuestra salud mental?
A nivel de salud mental lo ideal sería que pudiéramos funcionar como si dentro de nuestras cabezas tuviéramos compartimentos o carpetas y cuando estamos de vacaciones darnos permiso para desconectar, si por alguna razón nos toca trabajar acotarlo a dos o tres momentos del día y después poner el móvil en modo avión. A veces al estar siempre disponibles podemos caer en una pequeña trampa, por un lado “eres necesaria”, por otro “no respetan tus espacios”, así que deberíamos de valorar hasta que punto el jefe o compañera te está valorando o invadiendo. A nivel de salud mental “saber desconectar” y hasta “saberse aburrir”, mejora nuestra neuroplasticidad y nos permite, cometer menos errores, ser más resolutivos y productivos, a la vuelta al trabajo o después de un fin de semana.
P.: Así pues, por favor, danos unos consejos para llevar con salud la transición.
Aquí os dejo algunas cositas, algunas que son muy básicas pero que siempre es bueno recordar y son fáciles de aplicar en el día a día.
Cambiar el relato: La salud mental y emocional depende mucho de nuestros pensamientos, no es lo que nos pasa, sino como enfocamos lo que nos pasa, como nos lo relatamos a nosotros mismos, de tal forma que pueda ser una oportunidad y no caer en el pesimismo o el drama.
Mantener unos objetivos a corto plazo, donde podamos continuar disfrutando de esas pequeñas cosas que nos hacen felices, por ejemplo, durante el fin de semana o al salir de trabajar.
Aprovechar la luz solar siempre que podamos ya que normalmente en la oficina estamos con luz artificial y esto afecta a nuestros ciclos biológicos y nuestra serotonina cerebral.
Hacer rutinas de respiración y ejercicio físico adaptado a cada uno, que nos mantendrán más anclados en el presente. Esto nos ayudará a gestionar el estrés y reducir los niveles de cortisol, que tanto daño hace a nivel físico y mental.
Mantener unos buenos patrones de sueño; el sueño es el trabajo más importante del día y una hora de sueño equivale a dos de productividad al día siguiente.
Para las que tienden al pesimismo, antes de dormir llevar un diario de gratitud y apuntar cinco cosas por las que uno deba de estar agradecido. Esta actividad mejorará su calidad del sueño y te ayudará a despertar con mayor energía y tranquilidad.
Si sois de las que les cuesta quedaros dormidas, poner en un papel las tareas pendientes o las preocupaciones y sacar ese papel de la habitación, igual que con el ejercicio de gratitud te ayudará a dormir y descansar mejor.
Gracias, Ana Isabel, tomamos nota de todo





