A partir de este mes, vamos a incluir una sección nueva en este boletín: “Perlas de Protocolo”. Se trata, principalmente, de contar hechos relacionados con el mundo del protocolo y que nos cuenten historias interesantes, curiosas y hasta divertidas.
Como buenas profesionales, cuando nos encargamos de organizar un acto en el que las mesas sean importantes y cada una tenga un nombre (nunca un número) para los invitados, también pensamos en la posibilidad de que uno de ellos, que se debe situar en primera fila y en una de las mejores, tenga que levantarse y ausentarse del acto por cualquier motivo. Puede ser por asuntos profesionales, personales, e incluso le puede dar un mareo durante la cena o almuerzo organizado.
Así que, para ello, tenemos siempre a otras personas de la empresa para sustituirlo, si se da el caso. No es muy bonito que haya un hueco en una de las mesas VIP. Con buen saber, si eso ocurre, discreta y silenciosamente ya estás colocando a alguien de la organización para que se siente en ese espacio. Todo esto dentro de un marco civilizado.
Pero este acto no es nada moderno, pues ya se hacía en el siglo XV. Gracias a las palabras recogidas por Leonardo Da Vinci, y que han llegado a nosotros a través del “Codex Romanoff”, un compendio de la época, el polifacético artista recogía temas relacionados con el buen hacer y el protocolo.
Este italiano inquieto, que quería saber de todo, como buen renacentista, se preocupaba por la forma en la que la gente comía en las mesas, y por ello escribió mucho sobre el tema. No debemos olvidar que Da Vinci también quiso ser organizador de eventos, si bien no obtuvo todo el éxito que él deseaba. No obstante nos dejó algunas “perlas de protocolo” como esta:
Según sus palabras “si sabemos que entre los invitados hay un asesino profesional, esto es lo que debemos hacer: Lo más decoroso es que el asesino se siente junto a aquel que será objeto de su arte, pues de esta forma no interrumpirá al resto de los comensales. Después de que el cadáver (y las manchas de sangre, de haberlas) haya sido retirado por los servidores, es costumbre que el asesino también se retire de la mesa, pues su presencia en ocasiones puede perturbar las digestiones de las personas cercanas. En este punto, el buen anfitrión tendrá siempre un nuevo invitado, quien habrá esperado fuera, dispuesto a sentarse a la mesa en este momento, tanto en la del asesino como en la del asesinado, y que la celebración continúe”.





