Castrojeriz, Tierra de Peregrinos – 21 Octubre 2022

Castrojeriz

Entre la niebla, la intensa lluvia y la oscuridad de la noche, solo se veía un punto de luz: la ilusión de un grupo de “peregrinas” de la Asociación del Secretariado Profesional de Madrid (ASPM) por llegar a su destino, la ciudad burgalesa de Castrojeriz y poder disfrutar de un maravilloso fin de semana.

El cansancio del viaje y la nocturnidad de la hora de llegada fue eliminado y olvidado por el penetrante olor de esa tierra ubicada en la meseta castellana y por el envolvente silencio que rodeaba al Hotel Quinta de San Francisco, situado en una zona con mucha historia y sorprendente arte.

La bienvenida, por parte del Leandro Aguirreche, director del establecimiento, consistió en un Vino Español, acompañado de tortilla casera, embutido de la zona y la emblemática morcilla de Burgos. Posteriormente nos llevaron a nuestras habitaciones, bien caldeadas, limpias, confortables y con una enorme ducha con multitud de chorros de agua, que como bien comentó una compañera “había tanta agua que no sabía por dónde salía”.

Era de noche y poco se podía ver del entorno; pero sí apreciamos que estábamos rodeadas de naturaleza y arte, como parte de la muralla del Convento de San Francisco del siglo XIV, iluminada de tal manera que tampoco sabíamos dónde estaban los focos de luz. Una maravilla.

La cena

Castrojeriz

Pero la jornada todavía no había terminado. El restaurante La Bodega nos estaba esperando para darnos una cena con cocina local, productos de la zona y de temporada. Sólo para ilustrar, los primeros eran varios platos a elegir, como una sopa, -que llaman del Peregrino-, con ajo y boletus y una ensalada de queso, manzanas, nueces, lechuga, acompañada de una reducción de vinagre de manzana. Como la sopa estaba tan buena y las soperas tan rebosantes, el resto de las que habíamos pedido la exquisita ensalada, nos apuntamos también a la sopa.

Los segundos, tampoco se quedaron atrás: a elegir entre pimientos rellenos de bacalao y lasaña con espinacas y pasas. Estaba todo tan rico, tan fresco y tan estimulante que, al final, todas compartimos plato, como bien hicieran los peregrinos. Todo esto regado con buenos caldos: un blanco de Rueda Marqués de Riscal, un tinto Viña Real de Cune, crianza de 2018 y un maravilloso rosado Coral de Inurrieta.

Y no nos olvidemos del postre, una exquisita crema de manzana asada con menta y crema pastelera; así como de las infusiones, cafés, chupitos y más chupitos ¡Ay, cuantas cosas para dejar en Madrid!

La cena fue divertidísima y aunque algunas nos conocíamos y otras no, por ser nuevas o no coincidir en algún otro evento, la verdad es que todas nos sentíamos como si nos conociéramos de toda la vida, con muy buen ambiente y gran empatía. Después de tanta alegría hicimos ganas de salir de marcha, marcha, mucha marcha. Pero aunque nosotras no vimos a nadie por las calles y las ventanas estaban apagadas, nos aseguraron que había marcha (mucha marcha). Pero al final, como buenas “peregrinas”, nos fuimos a dormir como pequeños ángeles en unas camas reconfortantes y cálidas.

Amanecer en el campo

Castrojeriz

Tras dejar una noche con lluvia y sueños pegados a las almohadas, nos despertamos gracias al sol que entraba por nuestras habitaciones. Unos pequeños rayos empezaron a jugar sobre nuestra piel para que nos levantáramos y utilizáramos la enorme ducha que parecía de SPA. Una vez limpitas y aseadas, como “buenas peregrinas”, fuimos al comedor del restaurante a ponernos las pilas para el día que nos esperaba, naturaleza, arte, relajación. Todo un reto.

El desayuno fue como esperábamos, muy casero y natural: pan y mermelada hecha por ellos y también beicon, huevo fritos…¡Uhmmmm!

Antes de salir a nuestras actividades para ese día, pudimos dar un paseo por los jardines que rodean el Hotel y ver las fuentes de agua, las flores, caminos recoletos bajo árboles; que unos se preparaban para el invierno con sus hojas verdes fuertes y otros, ya amarilleaban para invernar, tristes por la inminente caída de sus hojas.  La estética moderna se combinaba perfectamente con la campestre. Incluso, sorprendente para la época y la altitud, había un huerto con tomates, pimientos y algunas fresas en pleno desarrollo. Y, sobre todo, lo que había era horizonte, nada con lo que tropezara nuestra vista.

El día se abría ante nosotras e hicimos dos grupos, uno se quedaba en el Hotel para practicar Yoga y el otro para visitar el pueblo y sus alrededores, hasta la visita guiada en la Iglesia de Santa María del Manzano, un edificio que comenzó siendo románico (1214), en sus contrafuertes, gótico en sus arcos apuntados y renacentista en cuanto retablos.

Pero antes de esa visita, las “peregrinas” que visitaron el pueblo, también recorrieron una parte del Camino de Santiago (camino francés), ya que Castrojeriz es cruzado por la ruta, bien señalada con conchas, incrustadas en las paredes. Incluso consiguieron un sello de la oficina de Turismo, donde el responsable era el mismo que el guía. Así que una de nuestras compañeras preparó una parodia con él, para cuando coincidieran con el otro grupo. El espectáculo fue divertido y la compañera una excepcional estrella.

Nuestra Señora del Manzano

Visitamos la Iglesia de Nuestra Señora del Manzano, con un guía apasionado del arte de Castrojeriz y gran ilustrado sobre esa zona. Nos fue explicando la planta, las figuras, el rosetón… etc. Pero lo más espectacular fue cuando una voz, como salida del interior de la tierra, comenzó a relatarnos el principio del mundo, al tiempo que en la bóveda se proyectaban imágenes. Fue realmente increíble; aunque lo que más nos llamó la atención fue la marca del arquitecto que había rehabilitado una parte de las columnas (destruidas en el Terremoto de Lisboa de 1755). Era una @, sí, sí, una figura de nuestros tiempos. Pero como las catedrales, conventos e iglesias duran una eternidad, en el futuro verán el progreso de nuestra generación y lo que implica ese símbolo.

La comida

Cuando regresamos al hotel, ya nos estaban esperando para ofrecernos el almuerzo, que como la noche anterior era exquisito y nutritivo. De primero nos dieron a elegir una  crema de calabaza o una ensalada de tomate, queso y aceitunas. Pero con el segundo nos pasó igual que en la cena, unas pidieron el secreto ibérico con verduras y cebolla caramelizada y las otras se dejaron seducir por algo tan campestre como huevos fritos, morcilla, chorizos y patatas fritas. Al enterarnos que los huevos eran recién puestos en la granja de nuestra cocinera (tan amable), pues las del otro bando, suplicamos y lloramos para probar esos huevos fritos; así que como todos eran tan considerados en ese hotel, pusieron una gran fuente con ese manjar.

El postre consistió en una exquisita tarta de piña, nata y bizcocho bien mojadito. Y lo más especial, que era el cumpleaños de nuestra nueva y querida presidenta, Toñi. Coreamos varias veces el “cumpleaños feliz”, con besos y brindis.

Durante el café, el director del hotel nos ofreció un vídeo sobre el establecimiento, tipo de habitaciones, alrededores y lo tradicional que se une con lo moderno para los peregrinos que pasaban por ahí, llenos de paz interior, pero también de cansancio.

Y, antes de coger el Mini Bus, las más golosas nos escapamos al Convento de Santa Clara a comprar sus productos: como bizcocho, galletitas de “peregrinos”, los puños de Dios (que no eran puños, sino unos tiernos bocaditos rellenos de crema y nata).

¡¡¡Menudo fin de semana de comer y beber bien!!!, sin olvidar el buen rato y la empatía que todas nosotras tuvimos.

El Bus nos esperaba, pero a cada paso que dábamos se iba alejando, como si no pudiéramos irnos de allí. Con nuestros “troles” y las cabezas bajas, conseguimos con gran esfuerzo llegar hasta el vehículo; lo que significaba, con certeza, que nuestro maravilloso fin de semana había acabado. La vuelta a Madrid fue mas calmada, muchas aprovecharon el tiempo para “echarse un sueñecito”.

Al llegar a Plaza de Castilla, recuperamos el ánimo (como demuestra esta foto) y, aunque cansadas, sonreímos a la cámara:” Volvían las “peregrinas”.

María Luisa Echevarría Alcobendas