LA INCERTIDUMBRE

Llegó la pandemia y se nos hizo familiar la palabra incertidumbre, igual que Covid19, confinamiento, cuarentena…

La pandemia nos trajo, entre otros, el desempleo, la crisis económica y entonces llegó un sentimiento que hasta el momento actual, lo percibimos lejano: la incertidumbre.

Ahora la incertidumbre está presente en todos los ámbitos de nuestra vida, nos invade cuando vamos a salir a la calle por si nos contagiamos, nos asalta por la noche ante la inquietud por el futuro,  nos agobia cuando pensamos en  el bienestar de los nuestros…

Pero, ¿qué es la incertidumbre? Según el diccionario se trata de “Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud”.

La incertidumbre está relacionada con esa necesidad que tenemos de saber qué va a pasar en un futuro más o menos próximo, para controlar o al menos anticiparnos a lo que se nos viene encima.

Sin duda, hay personas que gestionan la incertidumbre mejor que otras, pero a todos nos afecta.

Ahora bien, Confucio dijo: “Si los problemas tienen solución, ¿de qué te preocupas? Y si no la tienen, ¿por qué sigues preocupándote?” 

A pesar de lo que diga Confucio, la angustia ante la incertidumbre, nos paraliza en ocasiones y es necesario, conseguir superar esta emoción.

Y en este punto es necesario potenciarla la resiliencia y la capacidad de adaptación al cambio y preguntarnos si esa situación que nos inquieta depende de nosotros o no. En caso afirmativo, la incertidumbre suele desaparecer en cuanto trazamos un plan para paliar los efectos del problema.   Ahora bien, si aquello que provoca la ansiedad no depende exclusivamente de nuestras decisiones – como puede ocurrir actualmente con la crisis del coronavirus- hay que aprender a aceptarlo y esperar a que pase el tiempo.

La mejor manera de gestionar la incertidumbre es centrarse en el presente, en el aquí y ahora. Nadie puede controlar lo que va a pasar en el futuro pero sí podemos controlar cómo queremos vivir con esa incertidumbre en el presente para sentirnos mejor. En otras palabras, vivir el presente, valorar lo que nos está aportando y lo positivo que hay en él.

Como conclusión, no podemos eludir la incertidumbre pero sí paliar sus efectos.