Comenzando el nuevo año

Después de las grandes pandemias de la historia siempre ha venido un periodo de importantes avances, tras la peste negra llegó el Renacimiento, la mal llamada gripe española del 1918-1920 impulsó la creación de institutos específicos para aislar bacterias y virus con una tecnología cada vez más sofisticada y un método científico responsable.

Hemos pasado un año difícil, difícil en muchos aspectos, aunque el principal ha sido por supuesto el Covid19 que en el mejor de los casos,  nos confinó y en el peor, nos ha hecho perder a nuestros seres queridos.

Además, la pandemia trajo de la mano el  desempleo.  Rara es la familia que no ha tenido algún miembro en el paro o al menos, en ERTE.

Esto por citar los puntos más negros del año 2020.  Sin embargo, siempre hay que buscar los puntos positivos aún en el peor de los escenarios.  Quizá lo más positivo ha sido el vertiginoso avance de la utilización de los medios digitales. Casi de la noche a la mañana, todos comenzamos a teletrabajar, nuestros mayores se familiarizaron con las videoconferencias y los niños se han adaptado al aprendizaje online con extraordinaria facilidad.

En 2018 el teletrabajo era una verdadera rareza en España, el Covid19 ha tenido un efecto acelerador del trabajo en remoto y la tendencia parece mostrar que permanecerá en nuestra vida.

Como casi todo en la vida, el teletrabajo tiene ventajas (muchas) y algunas desventajas. Nos lanzamos, o nos lanzaron a trabajar en remoto sin que apenas existiera regulación alguna.

Dadas las circunstancias, por una vez, la  Administración Pública se puso rápidamente manos a la obra y desde el 13 de octubre contamos con el Real Decreto-Ley 28/2020 de 22 de septiembre, de trabajo a distancia.  Esta regulación es en sí misma una ventaja puesto que al menos, sabemos a qué atenernos, entre otros, respecto a la voluntariedad del trabajo a distancia y su reversibilidad, los medios (y su mantenimiento) que la empresa debe poner a nuestra disposición.

En el plano personal, la conciliación familiar parece mucho más fácil si teletrabajamos (¿o no?). Cuesta imaginar lo que puede ser teletrabajar con tres niños menores de 6  años y sin ayuda alguna.

También parece lógico pensar que si teletrabajamos todos los días es posible que surja un sentimiento de soledad y falta de contacto con los directivos y compañeros. Cabe preguntarse si está en peligro el sentimiento de pertenencia a un determinado colectivo profesional, por citar algunos riesgos.

Claramente, como en todo en la vida, hay  pros y contras, es por ello que en ASPM consideramos necesaria la organización de una mesa redonda sobre el Teletrabajo en la que todos podamos exponer nuestra opinión y parecer. ¿Os apuntáis?