LOS BUENOS PROPÓSITOS PARA 2021

Pase lo que pase:¡FELIZ 2021 Y QUE NOS TRAIGA MAS ALEGRÍAS QUE ESTE AÑO, QUE QUEREMOS DEJAR ATRÁS LO MAS RÁPIDO POSIBLE!

De momento pensemos en nuestros propósitos para el año nuevo. Estamos hablando de un clásico. Todos los años nos proponemos una serie de posibles intenciones para el nuevo año, pero tras el miedo y la incertidumbre que hemos vivido en 2020, parece lógico que estos propósitos difieran en mayor o menor medida de los tradicionales ¿o no?

Todos los años queremos estar más guapos y en mejor forma y por lo tanto nos hacemos el propósito de cuidarnos más, alimentarnos mejor y como no, hacer más ejercicio.

 Aquí tenemos en el top ten de los deseos:

Apuntarnos a un gimnasio

Sin duda, después del confinamiento parece lógico que este sano propósito permanezca totalmente en vigor e incluso intensifiquemos el esfuerzo por estar más saludables.

Otro clásico es aquello de:

Aprender un idioma

El teletrabajo, las cifras de paro, la recesión mundial, entre otros, hacen que se convierta en imprescindible el dominio (conste que no digo “conocimientos”) de más de un idioma.

Y, como no mencionar el propósito más clásico de todos:

Ahorrar

Porque seguramente, a pesar de que la situación no está para grandes dispendios, gastaremos bastante entre Black Friday, Navidades, Nochevieja y Reyes.  Aunque tratamos, como consecuencia de la incertidumbre, de ser más austeros, tenemos la Visa tiritando y la cuenta corriente enrojeciendo por momentos.

Lo anterior no es ni más ni menos que una pequeña lista de buenos propósitos, pero cada uno de nosotros podemos añadir un número interminable de deseos a cumplir.  Y nos lo decimos a nosotros mismos y se lo contamos a nuestros allegados y estamos tan contentos a primeros de enero…. Pero a finales de febrero aún no nos hemos puesto en marcha en serio.

¿Qué ocurre? ¿Es que somos unos inconstantes? No lo creo. Sin embargo, pienso que todos fallamos porque no nos planteamos nuestros deseos como un objetivo y ahí precisamente está el fallo.

Si solo es un deseo tenemos un noventa por ciento de posibilidades de que no se cumpla.  Ahora bien, si lo convertimos en un objetivo, tenemos como mínimo un noventa por ciento de probabilidades de que se cumpla.

En primer lugar,  y con fines clarificadores, veamos qué caracteriza a un objetivo:

objetivos

Precisamente tiene que ser explicito y específico, lo que conlleva que se debe formular expresamente y preferiblemente por escrito. Debe ser comprensible y concreto. Tiene que ser viable (si no es así, simplemente será una ensoñación) y, por supuesto, debe poderse evaluar.  Por ejemplo, si nuestro objetivo es:

Ahorrar un 20% de mis ingresos mensuales

Implica que previamente se habrá confeccionado un presupuesto riguroso de los gastos fijos y variables, contemplando asimismo los imprevistos.  Este presupuesto nos permitirá saber si realmente el objetivo es viable o quizá conviene revisar los gastos o reducir las expectativas de ahorro.

Si se trata de estar en mejor forma, y estar “ideales” tendremos que plantearnos:

  • Hacer ejercicio. Pero hay que preguntarse si es necesario ir a un gimnasio (ojo no se trata de apuntarse a un gimnasio, sino de ir cotidianamente).
  • También hay que pensar si es necesario perder peso y por lo tanto habrá que alimentarse adecuadamente.
  • Dormir lo necesario.

Si el buen propósito es aprender un idioma, primero conviene tener muy clara la razón por la que vamos a dedicar esfuerzos, tiempo y recursos económicos para lograrlo.  Además, tendremos que buscar el método que mejor se adapte a nuestras necesidades y  establecer un objetivo claro:

Simplemente comprender el idioma

Leer

Leer y escribir

Hablar con fluidez

En resumen, si queremos que cualquier buen deseo de año nuevo se convierta en un firme propósito, hay que plantearlo como un objetivo que tiene que ser en primer lugar, específico y explícito, por lo que para el caso de “aprender un idioma” tendremos que plantearnos por qué y en que extensión.

Tiene que ser claro, por lo que no podemos decir vagamente que aprenderemos un idioma sino qué es lo que pretendemos con ello.

Además, ha de ser evaluable, de modo que se pueda evaluar el grado de avance a lo largo del tiempo.

También tiene que ser realizable, si se trata de aprender sanscrito, tendremos que cuestionarnos la razón de la elección y los medios de que disponemos.

Finalmente, hay que establecer un plazo.No podemos convertirnos en el eterno estudiante de un idioma que nunca conseguimos dominar.

Como conclusión.

Un buen deseo es solo eso, ganas de hacer algo. Pero sin poner los medios, un propósito -para el nuevo año- conlleva tener muy claro qué es lo que realmente queremos conseguir y cómo y cuando lo haremos.

Y pase lo que pase:¡FELIZ 2021 Y QUE NOS TRAIGA MAS ALEGRÍAS QUE ESTE AÑO, QUE QUEREMOS DEJAR ATRÁS LO MAS RÁPIDO POSIBLE!